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13 de julio de 2013

Tercer día en Viena



Tercer día en Viena, hoy tocaba darse una buena paliza viendo toda una enorme zona de monumentos: Hoffbrun, Ayuntamiento, museumquartier, la ópera, donde paramos a tomar un café en “Mozart Café”, nada del otro mundo y carísimo claro está.
Lástima que el ayuntamiento tuviese una pantalla enorme delante porque iban a retransmitir algo. Claro que estaba todo lleno de chiringuitos para cenar y tomar copas y cócteles con lo que vimos clara la opción de cenar por allí más tarde. Mientras tanto seguíamos con nuestra ruta sin parar, hasta llegar a una iglesia que creo que era lo más lejano del mapa. De ahí, ya decidimos que era de comer y fuimos a un mercado que nos habían recomendado “Naschmarkt”, que estaba lleno de puestos de comida y de souvenirs y luego en la parte final era una especie de rastro. Así que tras dar un paseo, ver de todo, pararnos en unos cuantos sitios, la elección fue comer en un puesto de tallarines  y de camino al hotel paramos en la una calle de tiendas cercana para comprarme algún trapito en Tail Weijl. Descansamos un rato mientras buscábamos hotel para el siguiente destino y era la noche de las fotos nocturnas así, trípode y cámara en mano salimos para cenar donde el ayuntamiento, esta gente si que tiene clase, había mogollón de sitios para cenar y lo mejor de todo… te lo servían en platos de vajilla y te lo llevabas donde quisieses porque había cantidad de gente encargada de recoger todo, muy bien montado. Tras darnos 3 vueltas sin saber muy bien que comer (entre otras cosas por el idioma) terminamos cenando carne de canguro con un espectacular cocktail que llevaba mango. A partir de ahí, cogimos el metro al Palacio de Sisi para verlo de noche, y ya no paramos de un lado a otro por todos los monumentos que habíamos visto durante estos 3 días. Al final ya era tarde y no podíamos ni pestañear, pero antes de irnos al hotel hicimos una parada final para recenar unas pizzas callejeras en los puestos que hay entre museumsquartier y el parlamento; el mayor error… estaban muy buenas pero las porciones eran descomunales por 3€, hubiera sido mejor compartir. De ahí, metro a casa y a dormir que al día siguiente nos íbamos a Bratislava.

12 de julio de 2013

Segundo día en Viena



Al día siguiente después de darnos un buen madrugón y desayunar nos fuimos al Palacio Schonbrünn o más conocido como el Palacio de Sisi, cogimos la visita al palacio (Classic Pass) con acceso a 40 habitaciones más el jardín. No hay palabras para describir aquello, la pena es no poder hacer fotos. Me sorprendió sobre todo que en aquella época se hablase de decoraciones japoneses y a Sisi parece ser que le encantaban y tenía alguna que otra habitación con ese toque y quedaban preciosas. Salimos de ahí y nos fuimos a ver el jardín del príncipe heredero que entraba en la visita y desde la parte de atrás empezamos a hacer fotos a lo que acontecía al fondo, era la Glorieta, un mirador en lo alto y final de la colina al que luego subiríamos. Pero antes nos paramos en el laberinto, qué risas porque aunque parezca mentira nos costó un rato largo y no exagero encontrar el centro donde había una escalera con un mirador para ver el laberinto desde arriba y desde ahí todo era más fácil… De ahí subimos a la Glorieta, que tenía un bar abajo pero solo subimos a ver las vistas. Salimos de allí y cansados de estar de pie nos sentamos a tomar algo antes de coger el metro para ir al Prater, que era una noria que había en un parque de atracciones al aire libre. Era una pasada, y la noria molaba mucho, aunque era antiquísima. Como estábamos muy relajados por allí  y ya era hora de comer elegimos un sitio “Schweizerhaus”, donde comimos un codillo enorme para los que éramos. Regresamos al hotel para relajarnos un poco y esa tarde decidí que había que probar la tarta Sacher y elegí “Aida Café Konditorei”, sin duda, espectacular, la parte de arriba sabía al chocolate fondant de los donuts pero estaba más duro. Me quedé con las ganas de traer alguno pero el viaje duraba una semana más y una de dos, o no aguantaba por el calor o no aguantaba porque me lo habría comido antes… Y de ahí, metro hacia el centro a continuar con museumquartier, qué ambientazo por allí, mogollón de gente joven sentada bien en unos artículos de plástico o en terrazas o en los bancos y bebiendo lo que se traían de casa o habían comprado en la tienda, así que no íbamos a ser menos e hicimos lo mismo para integrarnos con los vieneses. Aquella noche decidimos cenar Bratwurst porque estábamos tan llenos que hasta última hora de la noche no quisimos comer nada, así que nos pillamos algo en un puesto callejero y listo. De ahí al hotel y poco más.  

11 de julio de 2013

Cuarto día en Praga y primer día en Viena



Al día siguiente tocaba partir y teníamos el tiempo un poco justo para todo. Y encima, sorpresa de recepción, la policía estaba abajo por un problema del Dni de Dani, ups!!! Bajamos a aclarar el tema y asunto resuelto, de ahí optamos por desayunar en un centro comercial que teníamos al lado, que tampoco triunfó la elección de la palmera de azúcar, no era como las de España… Y teníamos que hacer una última cosa antes de hacer el checkout del hotel, hacerle una foto a una estatua de un hombre colgado en lo alto de un edificio en la calle Husova. Después de hacer todo e ir bien de tiempo cogimos las maletas y nos fuimos a por el coche que habíamos alquilado. Tuvimos suerte y nos dieron un skoda rapid, así que como en casa… Lo llevé yo hasta Viena y no me gusta la conducción de los checos porque corren demasiado y sus carreteras no están tan bien para eso y te meten mucha caña, pero bueno, pasamos la frontera entre República Checa y Austria y paramos a comprar la pegatina (vignette) que te exigen llevar en el coche para circular por las carreteras (8€). Luego paramos más adelante a comer y lo de pedir especialidades… no siempre funciona porque esperas demasiado y al final era una pechuga de pollo con especias y patatas.
Llegamos a Viena y encontramos el hotel estupendamente, lo cogimos un poco alejado pero estaba a tan solo 3 paradas de metro y teníamos el metro a 10 minutos si llegaba. El hotel Caroline solo tiene destacable el desayuno, había de todo y todo reciente pero la habitación era un poco cutrecilla, el baño era un pasillo y para usar el lavabo tenías que ponerte de lado y casi salir al pasillo. Pero bueno, también tenía minibar y con el calor que hacía dentro se agradecía poder tomar algo al llegar ahí. Eso sí, nada de ruidos por la calle y el parking fenomenal para el coche. Dejamos todo y nos fuimos a comprar un abono de metro para los 4 días, y nos dirigimos a Karlplatz. Hicimos unas fotillos a la iglesia y después estuvimos tomando un refrigerio, el sitio nos moló porque era de camareros de toda la vida y me sirvieron el café en una bandejita monísima y me trajeron un vaso de agua, que eso no lo hacen en todos lados y yo lo agradezco.
Y como no podíamos perder el tiempo en esta ciudad tan grande nos pusimos a andar y llegamos al Belvedere, muy bonito con sus jardines, fuentes… De ahí ya estábamos tan cansados que decidimos cenar en TGI´s Friday e irnos al hotel.