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12 de diciembre de 2010

The Lion King



No tengo palabras para describir este musical. Ahora que he estado allí, y que lo he visto puedo decir que no me arrepiento ni del dinero, ni de perder una tarde de compras… mereció la pena desde el primer momento en que se apagó la luz y empezó la función. Ahora entiendo porque llevan más de 10 años y siempre está lleno, ahora sí. No voy a desvelar nada que uno no sepa después de haber visto la película porque un musical es un resumen y muestra las escenas más importantes y vistosas de la película. El caso es que uno va con la idea (al menos yo) que los actores iban a estar caracterizados como animales y cual fue mi sorpresa, cuando si estaban caracterizados, pero eran parte del disfraz del animal al que representaban. Los movimientos de cada animal estaban tan ensayados que hacen creer al público que realmente estás viendo a ese animal. La sensualidad del leopardo, la robustez del elefante, el volar de las aves, esas hienas que tanto me hicieron reír, y que malas que eran también. Sin duda alguna, los niños (que hacen de Simba y Nala) en un principio son geniales, muy divertidos y muy coherentes también con sus gestos y movimientos de crías que son. Me encantó el movimiento de Scar y Mufasa, no me esperaba esa caracterización y con el mismo atuendo pasan de aparentar un estado tranquilo a sentir como te intimidan con un simple gesto de hombro y cuello y parecer que están realmente furiosos simplemente con sus posturas. También tengo que hacer mención de la negrita zulú que nos ameniza y nos relata partes de la historia que hace un papelón. El final de la historia todos lo conocemos así que no voy a entrar en detalles. Un momento emotivo en el que Simba, hecho un adulto decide enfrentarse a su tío Scar y convertirse en el famoso Rey Leon. Me he dejado animales en el tintero lo sé pero tendréis que ir a verla porque no puedo dar detalles de todo. Y solo una cosa más…. Oh, I just can't wait to be king!

22 de febrero de 2010

El sr. Ibrahim y las flores del Corán



La obra sitúa su historia en el París de los años 60, concretamente en la calle Azul, donde viven los dos personajes principales: un tendero árabe, el señor Ibrahim, y un muchacho judío, Moisés (al que el tendero apoda Momó). Momó, el narrador en primera persona, es un niño de trece años que vive en una casa triste y oscura con su padre, un anciano abogado con el que no comparte nada. Momó, acusado por su padre de robarle dinero, decide romper su pequeño cerdito-hucha y gastarse los 200 francos ahorrados con una prostituta de la calle Paraíso. Es por esa época cuando conoce al señor Ibrahim, un hombre solitario y de edad avanzada que pasa el tiempo en la puerta de su tienda, sonriendo mucho y hablando poco. Se entabla entre ellos una tranquila y profunda amistad, rodeada de mucho humor. Momó recibe del señor Ibrahim muchas enseñanzas que contrastan con su triste vida familiar ya que le habla de sonreír, de ser amable... - cosas desconocidas para Momó hasta entonces- y así va descubriendo por fin algún retazo de felicidad. Un día su padre se marcha y lo abandona. Momó intenta durante meses hacer ver que nada sucede ya que se siente abandonado por segunda vez –en su infancia, por su madre y ahora en plena adolescencia-. El señor Ibrahim le propone entonces realizar un viaje a Normandía. Al regresar, las cosas cambian: la policía le avisa de que su padre se suicidó tirándose a la vía del tren y su madre regresa, pero la intenta engañar –aunque sin conseguirlo- haciéndole creer que él no es Momó. Cansado y triste, Momó le pide un día al señor Ibrahim que lo adopte y éste acepta. Deciden hacer un viaje a lo que el señor Ibrahim llamaba el “Creciente fértil”, su país. Atraviesan toda Europa y el anciano tendero le enseña a Momó muchas cosas: las palabras del Corán, como reconocer a los ricos, a bailar y a disfrutar con el movimiento del cuerpo, a caminar despacio por la vida y preocuparse de las pequeñas cosas…
Al final de la obra el tendero le deja la tienda para que Momó se encargue de llevar el negocio familiar. Una obra muy conmovedora y sobre todo con 2 buenos actores.
Es una obra muy cortita por lo que se hace muy amena y al final de la obra los actores se sientan a pie de escenario a contar batallitas y pasas un rato muy divertido. Así que recomendable 100% y es una pena que se acabe esta semana.

26 de septiembre de 2008

LOS 39 ESCALONES

Sin duda una divertida obra de teatro. Fuimos ayer por la tarde a verla y fue un no parar de reir. Entre 4 actores (Gabino Diego, Patricia Conde, Jorge de Juan y Diego Molero) hacen una gran variedad de personajes, y con efectos especiales propios incluidos. Cada uno dentro de sus personajes hace un papelón. Gabino Diego, espectacular, como siempre; es el que más personajes tiene y los borda. Hubo algún sobresalto inesperado que hizo gritar a todo el otro.
La única pega es que el escenario estaba a una altura muy baja y si te toca el "alto de turno" y encima se mueve pues tienes que estar moviéndote para encontrar un poco de visibilidad.